JOVENES

  

Gritas pidiendo ayuda y pareciera que nadie te responde, pues aun cuando la gente te escuche no puede solucionar absolutamente nada. Incluso puede que tú seas un buen consejero, pero cuando eres quien atraviesa esa situación no vale el consejo que has dado a otros antes. Estás atormentado y pareciera que nada te puede hacer cambiar de perspectiva. Te sientes desolado y sin paz. Hace un tiempo pude ver una situación parecida con un grupo de discípulos. Su vida y su trabajo parecían tranquilos como un apacible lago, pero cuando llegó la tormenta, la barca en que todos estaban empezó a tambalear. Todos temían por su vida, y mayor era la aflicción del encargado de la barca, pues se supone que tenía toda la experiencia para manejar el asunto. Lo mismo te puede pasar en algún momento difícil de la vida, crees que tienes todos los conocimientos y experiencia, los aplicas, pones en práctica los consejos que has escuchado y pareciera que nada cambia. Nada evita el hecho de que te vas a hundir, así que empiezas a gritar o patalear. Lo mismo les sucedió a los discípulos de Jesús cuando estaban en la barca y se desató una tormenta. Seguramente decían “¡remen, remen para acá, corre la vela para el otro lado, agarra fuerte el timón”. Pero nada funcionaba. El caos era inminente, la tormenta iba a derribar al barco y sin duda morirían ahogados. Pero si recuerdas el pasaje, en esa misma barca estaba Jesús. ¡Iba durmiendo! ¿Imaginas la escena? Aparentemente Él descansaba de forma placentera, mientras los discípulos habían llegado al borde de la desesperación. Eso suele suceder en nuestras vidas. Pensamos, “si Dios está en mi tormenta o desierto, ¿por qué no se despierta?, ¿por qué no hace nada? Pareciera que alguien debe decirle que su hijo o hija, su sacerdote, su siervo, su escogido está sufriendo. ¿No es que es tan poderoso? ¿Acaso no sabía que hoy debía estar despierto, mientras yo estoy arreglándomelas para sacar agua del barco, tratando que esta tormenta no me tire abajo? Si Él creó el cosmos, la tierra y todo lo que en ella existe, ¡por qué no se despierta!, ¿realmente está tan relajado en la misma barca?”. Marvin Paredes Director Nacional de e625.com Guatemala. Pastor de Jóvenes en VidaReal.tv punto Roosevelt. Licenciado en Mercadotecnia. Master en Administración de Empresas. Posgrado en Marketing de la Universidad EAFIT de Colombia, Master in Business Coaching. Coach Certificado. Diplomado de Liderazgo FITS New Jersey, USA. Cuando atraviesas tu desierto, solo tú entiendes por lo que estás pasando. Las personas a tu alrededor dicen: “Tranquilo”, “ya pasará”, porque ellos pueden salir de casa con toda tranquilidad, desarrollar sus actividades con toda paz y su corazón no está atormentado; mientras tú estás sufriendo por dentro, hay algo físico o emocional que te hace sentir verdadero dolor. 3 Déjame decirte que sí, para Él la tormenta es un deleite, un rico vaivén, una mecedora gigante. Y solo para ti es ansiedad, el miedo, la acumulación de temores, el nerviosismo, la impresión de que te vas a ahogar y que la barca se destruirá. Finalmente, no te queda más opción que salir corriendo a su lado, casi tirarte encima como un niño y pedirle desesperadamente que despierte y se apiade de ti. Que resuelva tu problema porque no quieres seguir llorando, ya no es tan bonito sentirse solo, no quieres seguir viendo cómo los demás son felices y tú ya perdiste hasta el recuerdo de lo que es sonreír. Estás cada vez más deprimido. No es grato para tu corazón ver que otras personas tienen éxito y tú vas cada vez más abajo, hundiéndote en un hoyo. Esa tormenta no te permite ver el día soleado, porque para tus ojos todo está nublado y hasta los más pequeños retos de la rutina te parecen olas gigantes. Pero en tu desesperación gritas para despertar al Maestro y te sientes nuevamente como uno de los discípulos: “…De repente se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero ¿Qué clase de Dios tienes en tu barca?, ¿en quién estás confiando? Él jamás ha estado dormido, no importa cuál sea tu situación, Él siempre está atento. Jesús estaba dormido. Los discípulos fueron a despertarlo. ¡Señor! -gritaron-, sálvanos, que nos vamos a ahogar” (Mateo 8:24-25). ¿De qué quieres que Dios te salve? ¿De sentir tristeza, de estar sin empleo, de la soledad por no tener una familia, del rencor por no perdonar y la amargura que te carcome el alma, de que no valoren tu esfuerzo en el trabajo, de quebrantos de salud propios o de un familiar? ¿Cuál es tu tormenta? Mas Él responde: “Hombres de poca fe, ¿por qué tienen tanto miedo? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. Los discípulos no salían de su asombro, y decían ‘¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?’” (Mateo 8:26). ¿Qué clase de Dios tienes en tu barca?, ¿en quién estás confiando? Él jamás ha estado dormido, no importa cuál sea tu situación, Él siempre está atento. Ha estado observándote, tratando de guardar la calma; tal vez le desgarra el corazón ver el miedo que sientes. Sin ninguna duda ha querido correr a ti como el hermano que ve a su hermanito 4 ¿Crees que está durmiendo? ¡No! Él está atento aun cuando tu fe se debilite. necesitado de protección y sale corriendo hacia él después de ver hasta dónde puede defenderse. Y si observaste en los versículos de Mateo, Jesús no dice: “disculpen me dormí”. Más bien dice: “hombres de poca fe”, y hay un regaño oculto que podría decirles, porque no hicieron lo que debían hacer. Confiar, tener fe en que nada malo les iba a pasar si Él iba en la barca. Entiendo que cuando estás atravesando tu desierto pierdes el ánimo y la fuerza, así que sus palabras pueden parecerte fuertes. En realidad, lo que Él quería decir a sus discípulos es: “yo quiero que ustedes crezcan, que tengan confianza en quien llevan en su corazón, que sean obedientes a mi autoridad, que escuchen cuando les hablo y que, en el nombre de Jesús, declaren a los vientos su victoria ante todo dolor, tristeza y soledad”. En esa ocasión, el mismo Jesús reprendió a los vientos. No les preguntó tímidamente si podían calmarse, no les sugirió que se desaparecieran. Los sometió a su autoridad, y eso solo puedes entenderlo cuando estás en la tormenta, y no podrás pasar a otro nivel de fe y crecimiento personal si no superas ese momento. Piensa en eso que te hace sufrir, eso que te está quebrantando, y trae ahora a tu mente la imagen de Jesús. ¿Crees que está durmiendo? ¡No! Él está atento aun cuando tu fe se debilite. Él está dispuesto a calmar la tormenta. Cuando lo dejas actuar en tu vida, serás tú quien en su nombre podrá reprender a los vientos y calmar las olas para ver y disfrutar del día soleado. Para que puedas gozarte en el día que Él hizo para ti. Créeme, Él puede calmar cualquier tormenta. No creas que Él está durmiendo, solo está esperando tu reacción, probando tu fidelidad y confianza en Él. DIOS TE AMA Y ESTÁ A TU CUIDADO. Él quiere que le entregues tu corazón y crezcas en fe.