LA DECISIÓN DEL COMPROMISO 3ª parte

Decido conscientemente someter toda mi vida y mi voluntad al cuidado y al control de Cristo”.

Pero cuando sientes el timón de Dios en tu vida, debes obedecer.

Una de las cosas que he aprendido estando aquí es que tú y yo somos muy buenos para ocultar nuestro dolor. Tratamos de esconder nuestros dolores y heridas. Lo que hacemos es desarrollar hábitos destructivos. Estos hábitos son el resultado de nuestros intentos de ocultar el dolor.

Quiero decir que es algo diferente de una debilidad del carácter. De hecho, cuando alguien tiene un mal hábito, ya seas tú mismo o una persona que conoces, ese mal hábito es la expresión de una herida o dolor reprimido. La persona todavía no ha manifestado abiertamente: “¡Estoy herido!”. Así que, lo encubre con el mal hábito. El hábito es el disfraz. Lo que muchos de nosotros hacemos es pasar por alto la herida y enfocarnos en el mal hábito. No importa cuál sea el mal hábito, tú elígelo: gastar, beber, pornografía, comprar, televisión, mentir, sobrealimentación: el hábito nunca dejará de gritar, a menos que trates con la raíz del problema: la herida.

Lo que la mayoría de nosotros hace es simplemente decir: “Tengo que dejar de beber”. Luego, trata de vencer ese hábito, pero al final, lo reemplazamos por otro. Debido a que no hemos tratado con la herida y el dolor, solo la reemplazamos con un hábito diferente. Es un círculo vicioso enfermizo que nos deja en la antesala del dolor y miseria.

Pero hoy realmente tenemos buenas noticias. La buena noticia es que hoy puedes tomar ciertas decisiones Tú y yo podemos ser diferentes con la ayuda de Dios.

La tercera decisión es crítica porque las cinco semanas restantes se edifican sobre el compromiso adquirido a través de la decisión del compromiso. Por eso, la llamamos la Decisión del Compromiso. “Decido conscientemente someter toda mi vida y mi voluntad al cuidado y al control de Cristo”.

En el Sermón del Monte de Mateo 5:4 Jesús dice: Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia De modo que las palabras de Jesús no los cautivaba en absoluto: “Felices los humildes”, “Bienaventurados los mansos”, “Si eres manso y humilde tendrás una vida plena”. Ellos no querían ser humildes: querían poder, querían machismo. No querían al Jesús, el Mesías manso. Querían a “Corazón Valiente”. Querían que Jesús se pintara la cara de azul y gritara: “¡Libertad!”. Querían un mesías que hiciera una revolución política, pero Jesús vino a hacer una revolución espiritual. Los judíos creían que las grandes causas las pelean los orgullosos, no los humildes. No puedes conquistar Roma, el imperio más poderoso de la Tierra, con mansedumbre y humildad. Así pensaba aquella audiencia. Y Jesús dijo: “Bienaventurados los mansos”. En el primer siglo no entendieron este concepto. Muchos de los que están aquí no lo entienden. Tal vez, tú sí entiendes lo que significa la mansedumbre y la humildad, pero no quieres aplicarlas en tu vida porque te hace sentir débil y expuesto.

Imagínate un potrillo, un caballo increíble que puede correr como el viento, que hace surcos en el camino. Ese no es el retrato de la debilidad. Un potrillo domado es la imagen de la mansedumbre. La definición es:

La humildad es poder bajo control.

Es como un potrillo domado. Poder bajo control.

Ser manso es más que ser amable. Realmente, es valor y coraje controlados. Es fuerza, fuego bajo control. Es convicción con un espíritu apacible que procede de Dios. No se genera en tu propio espíritu. El espíritu de mansedumbre es realmente el espíritu de Jesús.

1 Pedro 2: “Si acaso sufren injustamente, recuerden que Dios les ha ordenado sufrir con paciencia. Y en eso Cristo les ha dado el ejemplo, para que hagan lo mismo, pues él sufrió por ustedes. Cristo no pecó nunca, y jamás engañó a nadie. Cuando lo insultaban, jamás contestaba con insultos, y jamás amenazó a quienes lo hicieron sufrir. Más bien, dejó que Dios se encargara de todo y lo cuidara, pues Dios juzga a todos con justicia.

Ser humilde es tener confianza en quién soy.

No estoy hablando de lo que enseñan los seminarios de auto ayuda: “Confía en lo que eres”. Entonces, la gente se vuelve orgullosa y arrogante.

Dicho sea de paso, cuando ves a personas que siempre están jactándose de ellas mismas, atrayendo la atención hacia ellas mismas, orgullosas y arrogantes; puedes estar seguro de que eso es una señal evidente de inseguridad. Absolutamente. Esas personas son las más inseguras que hay. No me refiero a esa clase de confianza. Hablo de una confianza en quién soy a la luz de lo que Dios es.

Mira este versículo del Antiguo Testamento, en Deuteronomio10: Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible...”. Ese no soy yo. Ser manso es tener confianza en quién soy. Sé quién soy, y no soy así.

"me comprometo” “una y otra vez”.

Tengo que decidir comprometerme una y otra vez. Es una decisión de las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año.

Muchas veces, la gente dice: “Me comprometí con Dios, creo que en enero del ‘97”. Y se creen que con eso se terminó el asunto. Ya estás adentro. No. Esto es una decisión permanente. Debo decidirlo todos los días. ¿Elijo la agenda de Dios o mi propia agenda? Todos los días, todo el tiempo.

Una y otra vez, tienes que tomar decisiones.

La Biblia dice en Romanos 6: Ustedes saben que quien siempre obedece a una persona, llega a ser su esclavo. Nosotros podemos servir al pecado [tu manera, tu camino, tu agenda] y morir, o bien obedecer a Dios y recibir su perdón. Tienes que tomar esta decisión una y otra vez, sin parar.

Así que, conscientemente decido comprometerme, (y aquí viene lo importante, esto es lo difícil) toda mi vida y voluntad.

Esto es parte de la decisión que separa a quienes quieren caminar auténtica e íntimamente con Jesús, de aquellos que solo son simpatizantes ocasionales de Jesús. La única diferencia está en la palabra: “todo”. Todo significa todo. Comprometerse con Jesús no es un asunto para hacer a medias. Él quiere todo. No puedes decirle: “Ok, Jesús, te doy una hoja. Luego, te doy esta otra hoja. Ahora te daré una rama”. No. Él quiere el árbol entero. Porque al hacerlo, él renueva tu ser. Esa es la victoria. Tu victoria es recibir un nuevo ser.

¿El costo? ¡Todo! No son mis palabras. Solo soy el mensajero. La Biblia lo dice: Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen. Toda mi vida y mi voluntad.

Por ejemplo los Niños Exploradores es esto: un niño explorador lleva a cabo una serie de tareas o servicios basadas en un compromiso; el cual, una vez cumplido, hace al niño acreedor de una medalla, un símbolo por el mérito obtenido. Probablemente, conoces esos distintivos.

Pero esta es la razón por la que les cuento esto. Creo que el problema con muchos de nosotros es que pensamos que Jesús es una de nuestras medallas. Nos ganamos la medalla de “cristianos” porque vamos a la iglesia, diezmamos, asistimos a un grupo pequeño y ocasionalmente leemos la Biblia. Por eso, nos ganamos el distintivo de “cristiano”.

Una de las razones por las que estamos tan atascados en nuestras heridas, complejos y malos hábitos es que Jesús es solo uno de nuestros parches. Es un parche adhesivo. A todos les gusta el parche de Jesús. Es dulce y te da el rótulo de “santo”. Nos gusta eso.

En realidad, lo usamos para cubrir muchas partes de nuestra vida que no cubrimos con otros parches que tenemos. Y esa es una de las razones por las que no podemos sanar el dolor y las heridas que tenemos. Usamos el “parche de Jesús” para ocupar el espacio de “el parche del buen alumno”, “el parche del buen trabajador”, “el parche del buen padre de familia”, “el parche del buen amigo”, “el parche del amante de los animales”, “el parche del comprador compulsivo”, “el parche del amante del cine” o “el parche de engañador”.

Algunos parches pueden ser medallas muy buenas, que hablan de diferentes roles en nuestras vidas. Pero esto es lo que pasa: nos estancamos en nuestro dolor porque Jesús es solo una medalla más, ni siquiera la primera o más importante.

Esta tercera decisión que estamos considerando hoy, requiere que comprometa toda mi vida a Jesús. Cuando lo hago, puede que me sienta extraño, como si tuviera puesta ropa diferente. Eso no quiere decir que todos los otros roles van a desaparecer; solo que ya no serán prominentes. Jesús se basta a sí mismo. Es Jesús y nada más. No hay extras. Él es todo. Habrá otros roles que tengo que cumplir, por ejemplo: el de papá. Puedo mostrarte mi “placa de papá”. Soy un papá. Pero soy un papá que basa su rol de padre en el hecho de ser un discípulo de Jesucristo. ¿Tiene sentido?

También tengo una placa que dice “Amigo”. Pero no escondo a Jesús de mis amigos. Procuro tratar a mis amigos como Jesús me ha enseñado a hacerlo.

Tengo algunos bienes. Tengo una casa, un auto y otras cosas. Pero no estoy tratando de acumular para imitar el nivel de vida de los demás. Gracias a Jesús me doy cuenta de que son temporales y estoy dispuesto a compartirlos con otros.

Jesús no es un bono. No es algo extra. Él es Dios. No es que la cantidad de medallas que tenga me dará más poder para cambiar. La clave es comprometerme a dejar que Su poder me cambie. Es entregarme por completo para que Su poder me cambie. Así que, decido conscientemente comprometer mi vida y mi voluntad para que Cristo los controle. Así se resume todo el asunto.

Al cuidado y control de Cristo. “Él me ama”.

En la primera semana dijimos que él tiene el control. En la segunda semana dijimos que Él me ama apasionadamente y se interesa por mí. Eso es todo lo que algunos de ustedes necesitan escuchar hoy. Algunos solo necesitan escuchar que Jesús los ama apasionadamente. Qué quiere tener una relación personal, íntima, real y auténtica con ustedes. No una placa o medalla que me pongo, una relación personal. Él te anhela.

Estás luchando con un mal hábito secreto en tu vida. Te está matando y no se lo quieres decir a nadie. Sabes que necesitas ayuda. A él le importas.

Cuando comprometes toda tu vida y voluntad al cuidado y control de Cristo, el Espíritu de Dios te llena con su amor y te da un nuevo deseo. No tienes que hacerlo tú solo. Solo tienes que caminar con Él.

Mateo 11:29: Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar.

Si realmente lo piensas, lo que aquí dice es extremadamente poderoso. Por un lado, Él dice: “Entrégame todo”. Eso parece algo difícil y radical. Aquí dice: “Vengan a mí y les daré descanso”. Eso suena amoroso y cariñoso. ¿Cuál de los dos es verdad? Ambos. Porque cuando le entregas todo, puedes descansar en el hecho de que Él es Dios y tú no.

Seguir este camino te dará una recompensa. ¿Sabes cuál es la recompensa? Felicidad. Dichosos los humildes. Bienaventuranza, felicidad. Un carácter transformado. El potrillo ha sido domado. Surge la mansedumbre. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Así que, mi pregunta final para ti es esta: ¿lo harás? ¿Tomarás la decisión de someter tu vida voluntad al control de Cristo? ¿Comprometerás toda tu vida al Dios que no solo te creó, sino que también te ama lo suficiente como para cambiar tu vida?

Pero para asumir ese compromiso debes ser manso. Tienes que ser humilde. Tienes que humillarte a ti mismo. Desechar tu orgullo y decir: mi manera no sirve. Y recibir su amor, gracia y perdón; dejando que impregnen y cambien tu vida.

La mayoría de ustedes puede decir: “Jesus, ya he hecho eso. He cruzado la línea”. Quiero pedirte que te vuelvas a comprometer hoy.

Algunos de ustedes se han apartado de Dios, se han deslizado… pueden usar el término que quieran. Jesús ha sido uno entre muchos. Estás usando muchas mascaras y medallas. Hoy es el día para reafirmar tu compromiso.

Dicho sea de paso, he hecho esto un montón de veces en mi vida. Nunca he dicho que soy perfecto. Mi meta es estar un paso más adelante que ustedes, pero he tenido que renovar mi compromiso muchas veces. Así que, te pido que renueves tu compromiso. Las próximas cinco semanas se edifican sobre la decisión que tomes hoy.

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